
A Coruña es una ciudad absolutamente volcada en el Atlántico. Todo en ella, desde su luz especial, ya sea invierno o verano, hasta el latir de su día a día está marcado por la intensidad del océano, omnipresente en casi todos los rincones.
Viajar hasta A Coruña es fijar una cita con el mar. El Paseo Marítimo es el más largo de Europa, con más de 13 kilómetros, que recorre el litoral de la ciudad por playas, calas y acantilados que se pueden disfrutar caminando, si las prisas no lo impiden, o utilizando el Tranvía Turístico que recorre gran parte de la costa. La recompensa visual para quien se aventure a caminar sobre este extenso mirador es enorme, ya que A Coruña cuenta con varias playas que se extienden a lo largo de todo el Paseo Marítimo. Imprescindibles el Orzán, ideal para la práctica del surf, y Riazor, en pleno centro de la ciudad. Aunque el mar es fundamental en la ciudad, A Coruña ofrece parques, jardines y recogidas plazas que constituyen pequeñas joyas para la contemplación o el esparcimiento.
El Monte de San Pedro, con su impresionante Ascensor Panorámico, es una visita obligada para observar la pequeña península que es la ciudad, desde una privilegiada atalaya. La Ciudad Vieja, nombre con el que se denomina el casco antiguo de A Coruña, es un lugar especial para trasladarse en el tiempo y evocar el pasado medieval entre sus estrechas callejuelas y recoletas plazuelas.
La Avenida de la Marina es una de las estampas clásicas de la ciudad con sus galerías de madera y cristal que son un bello ejemplo de de la arquitectura gallega.